Hay una diferencia grande entre estar rodeado y estar acompañado. Puedes tener la agenda llena de gente y, el día que de verdad necesitas, no saber a quién llamar.
La compañía que salva no es la de todos los días: es la de ese día. La persona que no necesita que le expliques todo, que atiende, que se queda.
Si tienes a alguien así, cuídalo. Y si hoy te toca ser ese alguien para otra persona, no subestimes lo que significa atender esa llamada.