Un día malo se siente como un error del sistema: algo salió torcido y hay que esperar a que pase para volver a estar bien.
Pero hay días malos que hacen un trabajo silencioso: te muestran un límite, te liberan de algo, te obligan a descansar. No todo lo que duele está en tu contra.
Estar bien no es que todo salga bien. Es poder llegar a la noche de un día difícil y aun así encontrar al menos una sola cosa que no fue pérdida.